lunes, 13 de febrero de 2017

Suárez, mi embajador


"¡Qué gol a Corea en el Mundial 2010!". Esta afirmación parece un recuerdo entre dos amigos uruguayos, que se ponen a hablar de los goles de, por qué no, el mejor jugador de la historia del fútbol uruguayo. Pero esta exclamación fue de un surcoreano, quien preguntó la nacionalidad a un uruguayo y, tras escuchar la respuesta, contestó: "Uruguay. ¡Louis Suárez!". Este intercambio generó risas y el comienzo de una charla cultural.

“La gente en Corea estaba un poco molesta con el resultado, pero qué gol marcó”, expresó este surcoreano de nombre Kim, quien empezó a ser mi compañero en una clase de inglés en Londres.

Por supuesto, en Inglaterra y especialmente en Londres, Suárez no ha dejado el mejor recuerdo. Mientras intentaba comprar una tarjeta SIM en un comercio, el vendedor me preguntó su nacionalidad. Tras escucharla, replicó entre risas: "No me muerdas, hombre". "Ten cuidado", le seguí el juego. Más risas.

En Londres no guarda tanto cariño. Pero en Liverpool lo aman. Como Barcelona a Messi, Peñarol a Pacheco o Nacional a Reocba.

"¿De dónde eres?", preguntó el dueño del hostel en el que el charrúa me hospedé. "Uruguay". Con tan solo escuchar el país, este hombre responde: "La tierra de Suárez, es el mejor futbolista del mundo, creo, agarra todas las  putas pelotas, nadie puede con él. Es el mejor".

No sólo los scousers - otra forma de llamar a los oriundos de Liverpool- conocen a Suárez. Cuando estaba en la habitación, un chino saludó y después realizó la pregunta más repetida en estos albergues: "¿De dónde sos?". No entendía la palabra Uruguay. "¿Urgay?, ¿Urbay?", intentó comprender. "¿Conocés a Luis Suárez?", trate de ayudarlo. "Oh, sí, está jugando en Barcelona". “Él es uruguayo”, le aclaré. Otra ayuda y el comienzo de otra charla básicamente futbolera.

Un parisino estaba más enloquecido con Cavani que con Suárez —sobre todo porque esa noche el Edin había convertido dos goles para el París Saint Germain— pero tenía claro quién era Suárez y admitió que festejó muchos goles del exLiverpool cuando estaba en la selección.

En Anfield Road, previo al increíble partido entre Liverpool y Tottenham, pasó con una persona de Hong Kong. No tenía ni idea de Uruguay, pero conocía a Suárez. "Es un jugador magnífico".

Su imagen se ha convertido en sólo una semana en Londres y Liverpool en un embajador para mí. Es como una persona que camina conmigo. Un futbolista que me ayuda a conectarme con la gente. Y es impresionante que un ser humano cuyo trabajo es patear al arco y hacer goles ayude a otro a que conecte con otros. Y de países con lenguajes y culturas tan distinas. Porque, en general, es el primer tópico de conversación entre las personas.

Por lo tanto, entendí, una vez más, que el fútbol es más que fútbol. Es un deporte mágico que atraviesa todas las culturas. Que no conoce de lenguas, razas ni geografía. Es una herramienta cultural para acercarnos a personas con las que geográfica y culturalmente estamos lejos. Para no sentirnos solos y encontrar que hay muchas cosas en común. Y es increíble que sea este deporte y no otra cosa.


miércoles, 29 de julio de 2015

¿Qué es la Deep Web?

¿Está todo en Internet? Hay una parte que no se ve para "el común" de los usuarios. Se llama "Deep Web" o "Internet Profunda".
En este programa que participo, Guillermo Lockhart intenta averiguarlo:

Y en esta nota que hice para El País, hablé con una persona que navegó e investigó durante ocho meses.

viernes, 20 de junio de 2014

La película celeste que un guionista sí pudo imaginar


Quiero contarles una película que vi el jueves pasado, que tuvo mucho marketing promocional. Fue de épica. De heroicidad. Exhibe majestuosas peripecias y, por supuesto, un brutal desenlace.

El guionista elige dos equipos que son potencias en este deporte: Inglaterra y Uruguay. Ambos fueron campeones mundiales y sus expectativas son altas en una nueva Copa del Mundo. El creador de la historia quiso garantizar un filme dramático y de suspenso de altísimo nivel. Lo logra con creces.

Las películas predecesoras de Luis Suárez en Inglaterra son ingredientes que aportan a que se agoten las entradas rápidamente. Mordiscos, acusaciones, goles, pérdida de campeonato, sanciones, más goles y un interminable conflicto con la prensa son alicientes que seducen al amante del buen cine (y del buen fútbol).

Como en todo filme, el personaje principal debe enfrentarse a esos y otros obstáculos. La producción de la película decidió que el futbolista se lesionara en la rodilla faltando 28 días para la cita mundialista. En una verdadera guerra contra el tiempo, el futbolista debe recuperarse. En la película hacen de todo para mostrar como que no lo logra (lo muestran en silla de ruedas, dicen que "no está descartado para el mundial" pero tampoco dicen que va a estar; la prensa duda de que llegue a ese partido, etcétera). Sin embargo, al final lo consigue.

El contexto histórico fue elegido adrede. Se determinó que la fecha en que se juega el partido es un 19 de junio, jornada en la que se conmemora el aniversario 125 del natalicio de José Gervasio Artigas, prócer de los orientales y clave en el proceso independentista de la República. No es todo: Uruguay viene de perder su primer partido y caer ante Inglaterra significa despedirse del torneo. ¿El lugar? San Pablo, Brasil. Es un país histórico para la Celeste porque allí se proclamó campeón del Mundo en 1950.

La mayoría de los planos de la película enfocan a Suárez. Ocurre antes, durante y después del partido. La mayoría son a su rostro y otros tantos a su rodilla.

La banda sonora es representada por más de 10 mil uruguayos que entonan el himno nacional que retumba en todo San Pablo. También cantan canciones rememorando gestas deportivas pasadas con intención de repetirlas en el presente. Mucha carga simbólica, nada tonto el guionista.

El filme tiene de todo. Al principio, un tiro libre de Wayne Rooney que roza el palo y un cabezazo que pega en el travesaño ponen un poco nervioso al espectador. Otro disparo del "Cebolla" Rodríguez lo hace levantar del asiento y tomarse la cabeza.

Hay varios momentos estelares. Uno de ellos es cuando Cavani hace un centro quirúrgico, Suárez pica a las espaldas de un zaguero y la mete de cabeza contra un palo. El grito desquiciado del protagonista marca una de las mejores partes de la película. Ponen el grito de un relator uruguayo que lo canta como un desaforado y repite "Uruguay nomá'" varias veces. Suárez festeja con Walter Ferreira, el kinesiólogo que lo ayudó en su tratamiento (un guiño cinematográfico a lo que es la parte de su lesión).

Steven Gerrard, personaje principal del equipo antagonista de esta historia, es bien bloqueado por los buenos actores de reparto de la Celeste. En este rubro están nominados Arévalo Ríos, el "Tata" González, Nicolás Lodeiro y hasta el propio Edinson Cavani, quien tuvo un rol de armador y también de colaborador defensivo, similar a una película que se rodó por el año 2010 en Sudáfrica.

Las complicaciones para Uruguay son numerosas. Como le sucede en cada partido límite, sufre. Una patada sin intención en la sien por parte de Raheem Sterling a "Palito" Pereira es, quizás, lo más dramático del largometraje. Este personaje secundario, que había hecho una destacada actuación en la faz defensiva, queda desvanecido. Parece que "muere"  en la cancha. Pero fue una nueva muestra de heroicidad que quiso mostrar el guionista. ¿El motivo? De repente, "Palito" se levanta y le dice al médico y a su entrenador: "No me saqués". El guionista lo hace continuar en el partido. Obvio.

Los impactos emocionales de la película fueron manejados de manera bien intercalada. Porque a los 75 minutos Glen Johnson desborda por derecha, hace un pase la medio y Rooney la manda a guardar. Alivio inglés y un golpe en el mentón para Uruguay. Fue como para que el espectador piense: "Ya está, va a ser muy difícil que Uruguay haga otro gol porque está sin piernas".

Pero no estaba dicha la última palabra.

En ese momento, varias ideas habrán invadido la mente del guionista, pero esta habrá predominado: "Lo insultaron en Inglaterra, lo trataron de racista, lo operaron y casi queda afuera del Mundial, Uruguay viene de perder, él ya hizo un gol, Inglaterra empató, casi se desvanece uno de sus compañeros, la Copa del Mundo es en Brasil, es 19 de junio; pongamos la frutilla de la torta: que Suárez haga el gol decisivo que siga dejando a la Celeste con vida y que (casi) elimine a Inglaterra".

Fue así que, faltando cinco minutos para el final, el salteño corre hasta el área con el pensamiento fijo en el arco como un lobo buscando a su presa. Al llegar a la zona donde más le gusta residir, acomoda el esférico y saca un latigazo furibundo como despojando toda la bronca contenida en él, en lo que se dijo antes, en la importancia del partido y en el antagonista de esta historia. Golazo. Fue "el" momento. Al festejar el tanto, el protagonista se arrodilla y abre los brazos con la naturalidad de un prócer.

Al final, Uruguay gana y Suárez es levantado en andas. Luego, como buen protagonista, abraza al personaje principal del equipo antagónico, Steven Gerrard que a su vez es su amigo y compañero en el equipo del país donde trabaja. Después de esa imagen, aparece la frase "Clemencia para los vencidos", un enunciado de que el guionista tuvo una clara intención de unir con José Gervasio Artigas.

El creador de esta historia de algo más de 90 minutos aún mantiene su anonimato, aunque no se descarta que hayan colaborado fuerzas espirituosas en su elaboración. Alguien dijo por ahí que “si fuera una película y alguien hubiera escrito este guión, para el público uruguayo nadie lo hubiera hecho mejor”. Suerte que fue real y un guionista sí lo pudo imaginar.

lunes, 15 de julio de 2013

Condenado por el caso Berríos y maestro de reiki

El caso Berríos fue un antes y un después para Tomás Casella. Extraditado a Chile en 2006 junto a otros dos uruguayos, fue condenado por secuestro y asociación ilícita contra el chileno hace tres años. Hoy, luego de apelar el fallo y a la espera de una resolución de la Corte Suprema, se encuentra en libertad bajo fianza, sin poder salir de ese país. El reiki, actividad con la que sana a decenas de personas, fue el escape que lo hizo sobrellevar la situación para no “victimizarse”.

La entrevista fue publicada en el diario El Observador.

viernes, 1 de febrero de 2013

La violencia en el fútbol: entre romántica y rentable

martes, 11 de septiembre de 2012

De baldosas rotas y rampas empinadas



Puertas muy angostas de edificios públicos, locales bailables, clubes, o cualquier recinto al que se quiera acceder. Parques y playas sin accesibilidad especial a personas con esta funcionalidad. Ascensores de menos de un metro cuadrado. Escuelas, liceos o universidades solo accesibles a través de escaleras o, simplemente, a través de un escalón. Camillas muy altas en los hospitales o centros de emergencia médica.


Baldosas flojas o rotas en las veredas de una ciudad. Ausencia de rampas en las esquinas (o existencia de las mismas aunque excesivamente empinadas). Obstáculos en las aceras, tales como: basura, piedras, excremento animal, charcos espejo, u otros objetos que obstruyan el desplazamiento de una persona en silla de ruedas.

Taxis con mamparas o taxis con choferes que no frenan por ver a una persona sentada en una silla con ruedas. Ómnibus sin rampas u ómnibus con rampas (de una sola línea -CA1-) que, antes de permitir que ingrese este individuo, se llenan de gente. 

Interruptores de luz a más de un metro y medio de altura. 

Mesadas, mostradores, escritorios y piletas (para lavarse las manos, los platos, los dientes o con otra utilidad) superiores a un metro.

Baños que no permiten girar una silla de ruedas. Ausencia de pasamanos y barandas. Bañeras.

Estos problemas los padecen (¡y los padecen en serio!) los 13.335 uruguayos que declararon no poder caminar y que se movilizan a través de una silla de ruedas, según cifras del último censo. Se trata del 0,4% de la población.

Con estos inconvenientes, a muchos de ellos les cuesta más de lo que debería ir a visitar un amigo, salir a tomar algo, concurrir a estudiar, ir al cine o al shopping. En definitiva, ser independiente.

¿Qué se está haciendo en torno al tema? Por lo pronto, la Intendencia de Montevideo intimó a una joven paralítica a quitar la rampa de su casa, de Arenal Grande y Uruguay, "porque tiene casi un metro ocupando la vereda" ya que es "muy peligrosa para los peatones". Dantesco.

Foto: lavoz.com.ar

miércoles, 30 de mayo de 2012

El desorden cuidado de Buenos Aires



Bocinas, gente, ruido. Así es Buenos Aires. El microcentro porteño es un aluvión de personas que se trasladan de un lugar a otro todo el día. Sin parar.

Pero este bullicio bonaerense, contrario al montevideano, tiene su orden. Primero, las veredas están adaptadas a personas con capacidades diferentes. Hay algunas que tienen manijas, mediante las cuales las personas en silla de ruedas se pueden impulsar. En Montevideo, la mayoría de veredas no tienen rampas y las que tienen, carecen de buenas pendientes: son excesivas y dificultan el impulso de los paralíticos o personas que tengan problemas para caminar. Un detalle menor, pero gigante para el que lo necesita.

Las veredas -¡oh necesidad!- están ¡sanas! Es claro que de tan indispensable que son para el ciudadano, no debería llamar la atención. Claro, las de Montevideo son un desastre y, vaya paradoja, la intendencia intimó a ciudadanos a arreglar sus veredas rotas pero tiene las suyas sin arreglar. Esta situación de las veredas -uno de los lugares que casi todos los días de nuestra vida transitamos-, me recuerda a un deporte que se lanzó el año pasado.

Buenos Aires presenta, además, algo lógico para los miles de autos que circulan por sus calles: estacionamientos subterráneos. Debajo de determinadas plazas públicas, hay gigantescas locaciones para que los vehículos puedan estacionar. Esto genera que todos se puedan trasladar a todos lados y lograr colocar su vehículo en un lugar visible y físicamente que no genera el hacinamiento automotor. En Montevideo, con poco más de un millón y medio de habitantes, tenemos ese problema. En la Plaza Independencia supuestamente lo construirán.

Este orden cuidado, tiene un elemento cultural no menor. Los porteños ¡hacen cola para subirse al colectivo! -dícese de ómnibus en la jerga montevideana-. Acá, como manada, nos subimos al principal medio de transporte que poseemos. Y, todos, todos, hacen fuerza para subirse primero: desde la más avanzada en edad, hasta el más joven. También, algunos semáforos, tienen segunderos que indican cuánto falta para que la luz cambie a roja. Acá, te cambia de golpe y si te comés la amarilla en plena avenida, corré. Y si no estás capacitado, jodete.

Y si de transporte se trata, la Avenida 9 de Julio, así como otras calles que cuadriplican en tamaño y volumen de tránsito a nuestra afamada 18 de Julio, ha generado una conducta en el bonaerense: la paciencia. Para ir a La Boca en taxi estuve con Danilo, mi amigo, 20 minutos recorriendo 10 kilómetros, por culpa del tránsito en el Centro, y otros 10 minutos para recorrer 30 kilómetros, cuando pasamos Retiro, agarrar una ruta, para llegar a La Boca. Hubo algún bocinazo, pero la mayoría avanzaban de cinco a diez metros y esperaban 30 segundos. Ah, y cuando te subís a un taxi se puede leer un carné identificatorio del chofer, que además presenta el modo de reclamar, por si llega a pasar algo. Simple. Un detalle.

En el Centro, las motos hacen de las suyas: con el tránsito congestionado, donde los autos avanzan como tortugas, los birrodados pasan por lugares acordes a su tamaño. Sin embargo, el espejo del taxi en el que estábamos no permitía pasar a una moto. El conductor se dio cuenta de eso, bajó la ventana y giró el espejo para que el vehículo pudiera pasar. Una muestra de que el bonaerense colabora para que el desorden tenga su cuidado.